Grupos de mamás y bebés

El estado de fusión en el que se encuentra la díada madre-bebé durante el primer año de vida requiere de una presencia, una escucha y un contacto con las necesidades primarias de la criatura tales que permita darles respuesta inmediata, pues es así como la criatura crece en la confianza de que el mundo que habita es seguro.

Pero nuestra organización social nos pone continuamente en situaciones diarias que nos apartan de esa escucha, de esa presencia. Son muchas los momentos del día a día, las llamadas del exterior, asuntos diversos y tareas continuadas que nos sacan de la mirada, la atención y el cuidado de nuestras criaturas. Suele resultarnos difícil encontrar ese momento en el que nuestra mirada es exclusiva para la criatura.

Estar presentes con nuestra criatura en el aquí y el ahora, solo nosotras y ellas, a veces resulta complicado.

Para compensar esta carencia de nuestro modelo social surge el grupo de apoyo a la díada.

El grupo de apoyo a la díada: un lugar para adentrarse y contactar con nuestra esencia y nuestra criatura.

El objetivo del grupo de apoyo a la díada es proporcionar un espacio seguro y un ambiente preparado para facilitar, fomentar y fortalecer el apego seguro con nuestras criaturas. Es un espacio enfocado en la díada madre-bebé y en la relación vincular padre-bebé que busca dar a las personas adultas un tiempo de exclusividad con las criaturas, sin interferencias externas.

Está dirigido a madres y padres de bebés de 0 a 3 años de edad.

Los grupos de apoyo a la díada que acompaño se fundamentan en las necesidades psicoafectivas de la etapa de desarrollo 0 a 2 años, extendida hasta el momento en el que la criatura está preparada para separarse de su figura de apego principal y iniciar la socialización (3-4 años). Está en consonancia con el modelo de prevención y promoción de la salud infantil de APPSI, asociación a la que pertenezco.

En APPSI tenemos una visión sistémica, es decir, entendemos al ser humano en interacción con el entorno. Nuestro objetivo es ayudar a que esa interacción del entorno con la criatura sea lo más saludable posible para favorecer el apego seguro. Desde esta perspectiva en el grupo de apoyo a la díada facilitamos un ambiente para la escucha, para la presencia, para el contacto; para el movimiento libre y la exploración, por parte de la criatura, desde la seguridad de que su mamá, su papá, la persona que se constituye como figura de apego está presente y está disponible para atender, en todo momento y de manera inmediata, su necesidad.

En el grupo las personas adultas observan, escuchan, juegan y permiten jugar y responden a la necesidad, sin imposiciones propias y ajenas, sin exigencias sociales, sin interferencias externas; las criaturas se mueven, exploran, experimentan, conquistan nuevos movimientos, crecen sin expectativas, sin objetivos, sin plazos.

 En ellos trabajamos desde dos conceptos clave relativos al desarrollo de las criaturas: la autorregulación y la respuesta sensible.

Nuestras crías humanas nacen con la capacidad de sentir lo que necesitan, no le pueden poner palabra, ni concepto y tampoco satisfacer su necesidad de manera autónoma, pero sí sienten cuando su necesidad está satisfecha y cuándo no lo está. Y precisamente por ello necesitan de nuestra respuesta sensible, es decir que identifiquemos sus señales ante cada necesidad, interpretemos correctamente lo que necesitan y le demos respuesta de manera inmediata, porque dependen plenamente de nosotras para satisfacer esa necesidad que están sintiendo y que no pueden expresar con palabras.

Esta es la clave para el apego seguro, esta respuesta sensible.

El encuadre.

Cuando inicio un nuevo grupo de apoyo a la díada o de lactancia , siempre hago un encuadre, así lo hacemos desde APPSI para dar a conocer los fundamentos, los objetivos, la dinámica, y contrastar expectativas, para que el grupo que estamos conformando hable un mismo idioma, aunque cada persona lo haga a su manera. Si una nueva díada llega al grupo cuando este ya ha empezado me gusta realizar ese encuadre de manera individual.

Es un momento breve pero importante en el que nos ponemos cara y piel y emoción, intercambiamos información y expectativas e iniciamos la relación que, como facilitadora, me va a unir a esas personas durante todo el grupo, con sus transformaciones porque todo se transforma en esta vida momento a momento, a medida que crecemos.

La dinámica

En cada encuentro preparo el ambiente que acogerá a madres, padres y criaturas.

La música, importante para acompañar el alma y llenar un silencio mental y de palabra que a veces a las personas adultas nos resulta difícil de sostener en una sociedad en la que el bullicio y la actividad desenfrenada nos mantienen en tensión.

Los aromas que sutilmente van integrándose en el aire y nos dan la bienvenida participando del enfoque y de la relajación de la tensión con la que llegamos.

El material, a veces pensado para las criaturas, a veces para las personas adultas; en unos casos elemento de conexión, de mirada, de escucha; en otros de exploración, de descubrimiento.

La distribución del espacio, para acoger a la díada y al grupo, para favorecer la exploración desde la seguridad, para el recogimiento cuando necesario, para el encuentro cuando posible y deseado.

La adulta que lo acompaña, mi rol, estar presente, proporcionar mirada, escuchar, asistir, facilitar respuesta, ser referente.

Parar, adentrarse y bajar el ritmo, adaptarlo al de cada criatura;

adentrarse y atender lo importante, cada necesidad;

adentrarse y contactar con nuestra esencia y con nuestra criatura;

adentrarse y favorecer una respuesta sensible.

Y lo que sucede es la maravilla de la vida.

Cuando las madres se despojan de las respuestas aprendidas, de las imposiciones sociales, de las inseguridades culturales y contactan con sus criaturas ocurre la magia, el instinto emerge, la respuesta natural a la necesidad, a la que no se le pone nombre porque simplemente se siente, surge y la criatura se relaja, confía.

Preparo el ambiente invitándonos a las personas adultas a dejar fuera todo aquello que nos desvía de la mirada a su criatura y, desde el silencio del pensamiento y de la palabra, recuperar la escucha corporal y emocional y facilitar que la maternidad se pueda vivir en plenitud, sin interferencias externas; favorecer la expansión vital de la infancia, y que surja libre toda la potencialidad de su cuerpo en desarrollo y de toda la sabiduría ancestral, instintiva que habita en sus movimientos.

Que surja la danza que se sucede entre una madre y su bebé al son de la emoción y de la necesidad, cuando la razón se detiene, cuando el pensamiento se vuelve movimiento, cuando el cuerpo responde desde un contacto que nace de dentro, profundo, de madre a criatura, de criatura a madre, cordón invisible que los une inseparables, intactos, incuestionable en la emoción, en su sentir. Acoger la transformación que se produce al dejar el mundo exterior fuera, porque es desde la esencia de madre, desde la escucha y la mirada atenta y profunda cuando surge el baile.

 Para mi es un privilegio que me permitáis, madres, formar parte de la magia de la vida.

Preparo el espacio para que las criaturas tengan un lugar de movimiento libre y exploración, atendiendo a su ritmo de crecimiento individual; a medida que van conquistando nuevos movimientos les acompaña también el descubrimiento de nuevos lugares en el espacio, de materiales que van explorando a su ritmo.

Ritmo evolutivo y ritmo durante el encuentro. Ritmo que baila entre el juego sin mamá, juego con mamá, me alejo, me acerco, me voy y ahora vuelvo siempre desde la seguridad y confianza que les da la presencia y disponibilidad de su figura de apego.

Y mamá siempre está ahí presente, mirando con atención plena, escuchando y respondiendo la necesidad, fortaleciendo un apego seguro y mientras yo crezco.

El encuadre.

Cuando inicio un nuevo grupo de apoyo a la díada o de lactancia , siempre hago un encuadre, así lo hacemos desde APPSI para dar a conocer los fundamentos, los objetivos, la dinámica, y contrastar expectativas, para que el grupo que estamos conformando hable un mismo idioma, aunque cada persona lo haga a su manera. Si una nueva díada llega al grupo cuando este ya ha empezado me gusta realizar ese encuadre de manera individual.

Es un momento breve pero importante en el que nos ponemos cara y piel y emoción, intercambiamos información y expectativas e iniciamos la relación que, como facilitadora, me va a unir a esas personas durante todo el grupo, con sus transformaciones porque todo se transforma en esta vida momento a momento, a medida que crecemos.

La dinámica

En cada encuentro preparo el ambiente que acogerá a madres, padres y criaturas.

La música, importante para acompañar el alma y llenar un silencio mental y de palabra que a veces a las personas adultas nos resulta difícil de sostener en una sociedad en la que el bullicio y la actividad desenfrenada nos mantienen en tensión.

Los aromas que sutilmente van integrándose en el aire y nos dan la bienvenida participando del enfoque y de la relajación de la tensión con la que llegamos.

El material, a veces pensado para las criaturas, a veces para las personas adultas; en unos casos elemento de conexión, de mirada, de escucha; en otros de exploración, de descubrimiento.

La distribución del espacio, para acoger a la díada y al grupo, para favorecer la exploración desde la seguridad, para el recogimiento cuando necesario, para el encuentro cuando posible y deseado.

La adulta que lo acompaña, mi rol, estar presente, proporcionar mirada, escuchar, asistir, facilitar respuesta, ser referente.

Parar, adentrarse y bajar el ritmo, adaptarlo al de cada criatura;

adentrarse y atender lo importante, cada necesidad;

adentrarse y contactar con nuestra esencia y con nuestra criatura;

adentrarse y favorecer una respuesta sensible.

Y lo que sucede es la maravilla de la vida.

Cuando las madres se despojan de las respuestas aprendidas, de las imposiciones sociales, de las inseguridades culturales y contactan con sus criaturas ocurre la magia, el instinto emerge, la respuesta natural a la necesidad, a la que no se le pone nombre porque simplemente se siente, surge y la criatura se relaja, confía.

Preparo el ambiente invitándonos a las personas adultas a dejar fuera todo aquello que nos desvía de la mirada a su criatura y, desde el silencio del pensamiento y de la palabra, recuperar la escucha corporal y emocional y facilitar que la maternidad se pueda vivir en plenitud, sin interferencias externas; favorecer la expansión vital de la infancia, y que surja libre toda la potencialidad de su cuerpo en desarrollo y de toda la sabiduría ancestral, instintiva que habita en sus movimientos.

Que surja la danza que se sucede entre una madre y su bebé al son de la emoción y de la necesidad, cuando la razón se detiene, cuando el pensamiento se vuelve movimiento, cuando el cuerpo responde desde un contacto que nace de dentro, profundo, de madre a criatura, de criatura a madre, cordón invisible que los une inseparables, intactos, incuestionable en la emoción, en su sentir. Acoger la transformación que se produce al dejar el mundo exterior fuera, porque es desde la esencia de madre, desde la escucha y la mirada atenta y profunda cuando surge el baile.

Un baile en el que dos cuerpos se hacen uno, en la proximidad y en la distancia; ante el llanto, el consuelo; con el juego, la expansión. Al ritmo que marca la criatura, como vulnerable, como dependiente, como prioridad absoluta del amor incondicinal; ritmo que aquí a la madre no le cuesta seguir porque no hay exigencia ajena, obligación social, interferencia externa. Hay una madre con su criatura en absoluta fusión, una díada que se regala este momento de exclusividad.

 Para mi es un privilegio que me permitáis, madres, formar parte de la magia de la vida.

Preparo el espacio para que las criaturas tengan un lugar de movimiento libre y exploración, atendiendo a su ritmo de crecimiento individual; a medida que van conquistando nuevos movimientos les acompaña también el descubrimiento de nuevos lugares en el espacio, de materiales que van explorando a su ritmo.

Ritmo evolutivo y ritmo durante el encuentro. Ritmo que baila entre el juego sin mamá, juego con mamá, me alejo, me acerco, me voy y ahora vuelvo siempre desde la seguridad y confianza que les da la presencia y disponibilidad de su figura de apego.

Y mamá siempre está ahí

presente,

mirando con atención plena,

escuchando y respondiendo la necesidad,

fortaleciendo un apego seguro

y mientras yo crezco.

Qué no es

Los grupos de apoyo a la díada no son un lugar de socialización para las criaturas, como a veces me han preguntado, porque sabemos que las crías humanas no inician la socialización hasta los 3-4 años. Tampoco son un lugar de socialización para las personas adultas, aunque se va tejiendo una  red de apoyo por el vínculo que se crea al compartir el tiempo, el lugar y la relación con las criaturas, de la que al final todas participamos en una u otra medida. Pero no es un espacio para hablar sobre preocupaciones, dudas, dificultades, etc., como se da en el grupo de lactancia. De hecho es un grupo en el que las personas adultas hablan poco y bajito.

Por esta característica el grupo de apoyo a la díada no es un grupo de apoyo a la lactancia. ¿Ves la diferencia? Escríbeme o llámame, te la cuento.

Qué sí es

Porque es un lugar de exclusividad para la relación de cada madre, cada padre con la criatura. Es un lugar para que cada persona adulta esté enfocada en escuchar y sentir a la criatura y desde ahí jugar y permitir jugar, sin interferencias externas.

 Aderezado con la esencia que desde sus orígenes ha impregando el grupo de apoyo a la díada: el cuidado, el cuidado de la madre, el cuidado de la criatura, el cuidado de la díada. Y ante las nuevas realidades sociales el cuidado del padre, el cuidado de su relación vincular con la criatura.

Facilitar la conquista de la vida sin interferencias externas es un inmenso placer.

Mi rol

Todo ello con la presencia de una persona referente espacializada en el dsearrollo psicoafectivo que permite manener el foco del encuentro en la atención a la necesidad de la infancia.

¿Dónde?

Tengo grupos de apoyo a la díada en distintas zonas de Madrid. Si quieres información de los grupos que tengo abiertos ponte en contacto conmigo.

¿Tienes alguna duda?

¿Estás interesad@ en saber más?

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