Mi mayor placer es participar de la danza de una madre y su bebé en el estado de fusión de la díada, sentir la magia del contacto estrecho y profundo madre-criatura, criatura-madre.
¿A qué me dedico y qué puedo hacer por tí?
Me apasiona la maternidad, la relación de la díada madre-bebé durante el tiempo que ambas criaturas se fusionan a través de un cordón invisible que los une inseparables, intactas, incuestinables.
Soy consciente de la dificultad de ejercer la maternidad en toda su expansión y plenitud, para la madre y para la cría humana, en la sociedad en la que vivimos, ajena a las necesidades infantiles, despreocuada por las necesidades maternas, ignorante de las capacidades y responsabilidades paternas.
Deseo una transformación social que realmente y con base en el conocimiento que desde la psicología, la pedagogía y la neurociencia tenemos sobre las necesidades infantiles y no desde verdades a medias, ponga a la infancia en el centro.
Y para ello trabajo.
Soy socia de APPSI (Asociación para la Promoción y Prevención de la Salud Infantil) cuyo principal objetivo es dar a conocer las necesidades infantiles en las distintas etapas psicoafectivas del desarrollo.
A nivel privado acompaño a la maternidad, a la paternidad y a la díada madre-bebé para favorecer el contacto con las necesidades de las criaturas y con su esencia como madres y como padres.
Y lo hago a través de los grupos de lactancia y los grupos de juego y exploración para bebés con su figura de apego principal.
¿Qué te cuento sobre mí?
Amo la naturaleza y amo la infancia, siento a los seres vivos en su esencia y, aunque a veces su presencia me asuste, sé que es mi miedo, ese que me inclucaron cuando pequeña, y no su existencia.
Hace unos años, allá por el 2016, me hice un regalo, cambié de profesión. En ese momento sentí que el camino hasta entonces recorrido había sido baldío. Sin embargo, a medida que avanzo en la construcción de este nuevo presente, me llega con claridad el hilo conductor que une mi pasado y mi futuro; la naturaleza siempre presente en la espiral de mi vida.
Estudié Ingeniería de Montes, con ilusión pero alejada de mi verdadera voluntad que buscaba un mayor contacto con la naturaleza por el mero hecho de conocerla, disfrutarla y cuidarla. Desarrollé mi carrera profesional en el mundo de un medio ambiente entendido desde una visión meramente antropocentrista y en esas grandes empresas en las que lo humano es un recurso, la vida un medio para el éxito económico y los resultados se miden en cifras. Entonces me identificaba con ese mundo aunque dentro de mi latía un sentir de disconformidad, de discrepancia, de no estar en mi lugar.
Cuando nació mi único hijo, sintiéndome desbordada por la imposibilidad de conciliar la vida profesional y la vida familiar de una manera satisfactoria y plena para mí y para mi hijo, tuve la oportunidad de experimentar un proceso de desarrollo personal que me llevó a un mejor conocimiento de mi misma, de mi realidad y de mis deseos en la vida.
Descubrí un nuevo campo profesional en el que quería introducirme y seguir desarrollándome como persona: la infancia y sus familias. En ese momento aún no sabía que se convertiría en una nueva percepción de la vida y de mi misma, reconectando con aquello para lo que vine a este mundo.
Estudié Educación Infantil y en paralelo realicé el Máster en Prevención y Promoción de la Salud Infantil impartido por Yolanda González. Entré en contacto con La Caracola, donde tuve la maravillosa oportunidad de observar y vivenciar cada concepto aprendido en el máster sobre el desarrollo de la infancia, a través de las criaturas que cada día daban vida a ese lugar. Enamorada de La Caracola, del proyecto, de su esencia, de las acompañantes, de las familias, de sus criaturas, me quedé curso tras curso observando, apoyando, acompañando a la infancia y a la maternidad, desde lo que ya era un concepto de vida.
En La Caracola he reído, he llorado, he jugado, he saltado, he corrido, he observado, he apoyado, he acompañado momentos de soledad, he mediado en conflictos, he acogido llantos, he realizado propuestas sensoriales, he abrazado madres y acompañantes, he hecho pan, me he llenado de harina de maiz de pies a cabeza, he pisado uvas, he subido a los árboles, he dado seguridad para que las criaturas encontraran su manera de trepar, he escuchado reflexiones profundas sobre las necesidades de cada criatura, he aprendido de la infancia, de la vida, de mi. He vivido.
Durante esos años, construimos Crisálida, un lugar para que las madres pudieran, desde el sentir de sus propias emociones, mirar a sus bebés y atender a sus necesidades sin que las preocupaciones del día a día interfirieran; un espacio destinado a fortalecer el vínculo de apego seguro favoreciendo el contacto de la madre consigo misma y con su bebé y facilitando la escucha y empatía de la madre hacia la criatura, de la acompañante hacia la madre.
El tiempo transcurrido en Caracola me ha permitido experimentar una enorme transformación personal y vital gracias a la cual mi pasado cobra sentido en el camino que voy recorriendo. El futuro que deseo lo voy vislumbrando y dando forma con mi sentir de cada hoy.
Ahora siento con certeza que mi destino está en seguir acompañando a la infancia y a la maternidad desde mi propia concepción de la naturaleza como nuestra fuente de vida, como nuestra esencia, como nuestra madre tierra a la que estamos íntimamente vinculados, de la que formamos parte y en la que somos un elemento más del equilibrio que la mantiene sana.
Cuidar la infancia, cuidar la maternidad y cuidar la naturaleza son para mi tres aspectos de un mismo elemento: el amor a la vida.
¿Por qué "entre luciérnagas"?
Cada criatura de este mundo brilla con luz propia.
La infancia brilla con gran intensidad.
Las personas adultas lo hacemos seún el grosor de nuestras capas, esas que vamos poniendo sobre nuestra identidad y que van atenuando nuestro resplandor. Y sin embargo, nuestra luz sigue intacta buscando resquicios de nuestra coraza por los que iluminar nuestro camino.
Brillar para mi es recordarnos nuestros dones, despertar nuestra intuición, recuperarnos para nosotras y, cuando madres, para nuestras criaturas.
Brillar en la luz, con tonos propios; brillar en la oscuridad, reconociendonos entre tinieblas, construyendo la luminosidad de nuestro planeta.
Luciérnagas hermosas, luciérnagas queridas que damos luz desde lo más profundo de nuestro ser.
Descubrí mi luz entre luciérnagas y con ella ilumino mi camino y alumbro el entorno para aquellas madres y padres que así lo desean mientras conectan con su propia luz.
Me siento brillando con luz propia entre luciérnagas. Agradecida del camino recorrido y del que está por transitar.
Grupo de apoyo
a la lactancia
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitsed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea
Grupo de juego
mamás y bebés
Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitsed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim veniam, quis nostrud exercitation ullamco laboris nisi ut aliquip ex ea
¿Tienes alguna duda?
¿Estás interesad@ en saber más?